La historia de los puestos que sostienen una agencia de marketing digital

Son las once de la noche y entra un formulario. Una pyme de Arequipa que vende repuestos quiere una tienda online «para ayer». Nadie lo programó así, simplemente pasó: alguien estaba en su celular a medianoche, encontró la web de la agencia y dejó sus datos antes de irse a dormir. A partir de ese clic se enciende una maquinaria que la mayoría de clientes nunca llega a ver. Pasan días, a veces semanas, y un día reciben un correo: «Tu tienda está lista.» Entre ese formulario de las once de la noche y ese correo final hay un montón de gente con oficios distintos. Esta es la historia de quiénes son y de qué hace cada uno.

Te la cuento porque hay un mito que me fastidia: el de la agencia como una caja negra donde «ocurre la magia». No hay magia. Hay personas que se pasan el trabajo de mano en mano, como en una cocina cuando entra una comanda grande y de pronto todos saben exactamente qué les toca. Y cada una de esas manos, hoy, es un puesto de trabajo que alguien tiene que ocupar. Si trabajas en marketing digital o estás pensando en meterte, lo que sigue te va a sonar conocido. Y si eres dueño de una agencia, igual te sirve para entender por qué un solo «todólogo» nunca va a rendir lo que rinde un equipo bien armado.

Un detalle antes de arrancar: vas a ver que varios de estos puestos se repiten en versión a tiempo completo, a medio tiempo y por proyecto. No es un error mío. Es que el mismo oficio se contrata distinto según cuánto trabajo haya sobre la mesa y según qué busca la persona que lo ocupa. Lo aclaro acá para no estar repitiéndolo en cada parada del recorrido.

Todo empieza con alguien que contesta

El formulario de Arequipa no se responde solo. Lo agarra un ejecutivo comercial. Su trabajo suena fácil («vender») y es de los más difíciles que existen: entender qué necesita de verdad un cliente que muchas veces ni él mismo lo tiene claro, traducir eso a una propuesta que tenga sentido y cerrar el trato sin sonar a vendedor de feria. En una agencia seria esto es casi consultoría disfrazada de venta. Por eso hay quienes lo hacen como ejecutivo comercial para el cierre de ventas digitales B2B a tiempo completo, metidos de lleno en el pipeline todos los días, y quienes prefieren entrar como ejecutivo comercial B2B a medio tiempo, normalmente gente que ya factura por su cuenta y le suma esta chamba a lo suyo.

Detrás del comercial, casi siempre invisible, hay alguien sosteniendo el papeleo. Cotizaciones, contratos, comprobantes, el seguimiento eterno de los «déjame consultarlo con mi socio y te aviso». Ese es el asistente administrativo, y si me preguntas a mí, es de los puestos más subestimados que existen. Cuando funciona, nadie lo nota; cuando falla, se cae todo lo demás. Hay quien lo cubre como asistente administrativo comercial a tiempo completo con Google Workspace e IA, porque hoy buena parte de esa coordinación se apoya en herramientas y prompts. Otros lo toman como asistente administrativo comercial a medio tiempo. Y para quienes priorizan manejar sus propias horas desde casa, existe el trabajo de asistente administrativo comercial remoto con horario flexible. La misma función, distintas maneras de encajarla en tu vida.

Alguien tiene que poner orden en el caos

Una vez firmado el contrato, el proyecto entra en una especie de tierra de nadie. Hay diseño pendiente, hay desarrollo pendiente, hay textos que escribir y hay un cliente ansioso preguntando «¿cómo va lo mío?» cada dos días. Si nadie ordena todo eso, el caos gana. Acá aparece el project manager: la persona que arma el cronograma, persigue a medio equipo para que entregue a tiempo y le pone cara amable al cliente mientras por dentro hace malabares. Es un rol de nervios templados, de los que parecen calmados aunque tengan diez cosas en la cabeza. Cuando el volumen de proyectos lo justifica, se contrata un project manager de proyectos digitales a tiempo completo. Cuando la agencia recién está creciendo o maneja tandas más chicas, suele bastar con un coordinador de proyectos digitales a medio tiempo. Es el puesto que separa a una agencia que cumple fechas de una que vive disculpándose.

Antes de construir, alguien dibuja

Acá viene una parte que mucha gente se salta y después lo lamenta. Antes de tocar WordPress, alguien tiene que pensar la web: dónde va cada cosa, cómo se mueve el usuario por la página, en qué botón hace clic para comprar y qué pasa si se arrepiente a mitad de camino. Ese trabajo de planos lo hace el diseñador maquetador UX/UI que arma wireframes y prototipos en Figma. No elige colores bonitos; decide la lógica de todo. Saltarse este paso es como levantar una casa sin planos y darte cuenta de que el baño quedó en la cocina cuando ya está todo enchapado.

Con los planos listos, entra el diseñador web, que es quien convierte ese boceto en una web de verdad sobre WordPress, Elementor y WooCommerce. Y como cada agencia tiene su propio ritmo, este puesto vive en varias formas. Está el diseñador web WordPress avanzado con Elementor y WooCommerce a tiempo completo para quien busca estabilidad y meterse a fondo en proyectos largos. Está el diseñador web WordPress a medio tiempo para quien combina la agencia con otros clientes propios. Y está el diseñador web WordPress por proyecto para quien prefiere entrar, entregar y seguir su camino. Para los perfiles que valoran sobre todo trabajar desde casa con sus propios horarios, también está el trabajo de diseñador web WordPress remoto part-time con horario flexible y su versión de jornada completa, el trabajo para diseñador web WordPress remoto a tiempo completo. Es el mismo oficio mirado desde vidas distintas.

Levantar la casa (y que cargue rápido)

Hay cosas que Elementor no resuelve por sí solo. Una integración rara con un sistema del cliente, un cálculo de envíos por distrito de Lima, una pasarela de pago peruana que se porta mal justo el día del lanzamiento. Ahí entra el desarrollador, el que mete las manos en el PHP y hace que lo aparentemente imposible termine funcionando. También en este caso el puesto se adapta al momento de la agencia: un desarrollador WordPress con Elementor, WooCommerce y PHP a tiempo completo para los proyectos pesados y el mantenimiento continuo, un desarrollador WordPress a medio tiempo para apoyar cuando se acumula la cola de trabajo, y un desarrollador WordPress por proyecto para encargos puntuales que necesitan músculo técnico y nada más.

Y cuando la web ya está armada, falta algo que el cliente sí nota aunque no sepa ponerle nombre: la velocidad. Una tienda que tarda cuatro segundos en cargar pierde ventas, así de simple. Google también la castiga en los resultados. Por eso existe un perfil dedicado solo a eso: el especialista en Core Web Vitals y performance de WordPress con WP Rocket, que se obsesiona con los milisegundos, comprime imágenes, limpia código y consigue que la página vuele. Es un trabajo de relojero. He visto tiendas pasar de tres segundos de carga a menos de uno y notar la diferencia en las ventas esa misma semana. Poca gente lo agradece y todos lo sufren cuando no está.

Para que además se vea como debe verse

Una web puede funcionar perfecto y aun así verse pobre. La parte visual no es decoración: es lo primero que le dice a alguien si puede confiar o no en una marca. El diseño gráfico tradicional sigue siendo la base, y para eso está el diseñador gráfico con Adobe Illustrator y Photoshop, que arma el logo, las piezas, los banners y todo lo que necesita mano fina y criterio de verdad.

Pero el oficio cambió, y cambió rápido. Hoy parte del trabajo visual pasa por inteligencia artificial, y eso abrió un puesto que hace dos años casi no existía: el diseñador gráfico con IA generativa (Midjourney, DALL·E, Firefly, ComfyUI). Y no, no es «darle a un botón y listo». Saber pedirle a estas herramientas lo correcto, corregir lo que devuelven y combinarlo con diseño hecho a mano es una habilidad nueva, y todavía bastante escasa. Para el flujo más cotidiano de redes y campañas, donde se mezcla Canva con Adobe casi a diario, hay quien entra como diseñador gráfico con Canva y Adobe a medio tiempo y quien lo toma como diseñador gráfico Canva y Adobe a tiempo completo con horario flexible, produciendo el volumen diario que las redes se comen sin piedad.

El arte de que te encuentren

Acá llegamos a lo que mejor conozco, y donde más ha cambiado todo en el último año. De nada sirve la web más linda del mundo si nadie la encuentra. El trabajo de hacerte visible empieza con el especialista SEO on-page y off-page con Rank Math, Schema e indexación: el que ordena la web por dentro para que Google la entienda bien, consigue enlaces de calidad y pelea por los primeros lugares de búsqueda. Hasta ahí, lo de siempre.

Lo nuevo es que ya no le preguntamos solo a Google. Le preguntamos a ChatGPT, a Claude, a Gemini, y esperamos que nos respondan con una marca, no con diez links. Aparecer en esas respuestas es un juego distinto, con sus propias reglas que recién se están escribiendo. Por eso nació el especialista en GEO para ChatGPT, Claude y Gemini, un puesto que hace tres años habría sonado a ciencia ficción y hoy es de los más buscados del mercado. Te soy honesto: todavía estamos aprendiendo a hacerlo bien, todos, y eso es justo lo que lo hace tan interesante. En el Perú esto ya dejó de ser un tema lejano: con el AI Mode de Google activo por acá, cada vez más búsquedas se resuelven dentro de la respuesta de la propia IA, sin que la persona llegue a entrar a ninguna web. Quien no se adapte a tiempo va a ir desapareciendo del mapa sin siquiera darse cuenta de cuándo pasó.

Nada de esto camina sin texto. Detrás de cada artículo, cada ficha de producto y cada respuesta que un buscador decide mostrar, hay un content strategist y redactor SEO-GEO en español peruano. Y ojo con lo del español peruano: escribir para el Perú no es lo mismo que escribir para México o para Argentina, y un buen redactor lo nota en el oído antes que en la gramática. Por último, alguien tiene que mirar los números fríos y decir qué está sirviendo y qué no. Ese es el analista de datos digitales con GA4, GSC y Looker Studio, el que convierte un mar de métricas en una frase clara: «esto está funcionando, dejen de gastar en aquello». Sin él, la agencia trabaja a ciegas y con plata de por medio.

Poner el presupuesto a trabajar

El SEO toma tiempo, a veces meses. Cuando un cliente quiere resultados ya, entra la publicidad pagada, que es un mundo entero aparte. Está el especialista en Google Ads (Search, Performance Max y Demand Gen), que pelea por aparecer justo en el momento en que alguien busca lo que tú vendes. Está el especialista en Meta Ads para Facebook, Instagram y WhatsApp, que maneja una lógica completamente distinta: ahí no esperas a que te busquen, interrumpes el scroll con algo lo bastante bueno como para que la persona se detenga. Y está el terreno donde hoy se gana o se pierde la atención más joven, dominio del especialista en TikTok Ads (Spark Ads, TopView y Creator Marketplace), que entiende un lenguaje que se reinventa cada par de meses.

Hay un canal que casi todos subestiman y que sigue siendo de los más rentables: el correo. Bien hecho no es spam, es una conversación que se cultiva con paciencia. De eso se encarga el especialista en email marketing y automatización de flujos de nurturing, que arma secuencias que acompañan a un interesado paso a paso hasta que se decide a comprar, sin que nadie tenga que escribirle uno por uno a mano.

La conversación de todos los días

Las redes no descansan, y alguien tiene que estar ahí cuando pasa cualquier cosa. Responder un comentario a las nueve de la noche, calmar a un cliente molesto que reclama en público, mantener viva una cuenta que de otro modo se vuelve un cementerio de publicaciones viejas. Ese es el community manager, y según el tamaño de las cuentas se contrata como community manager a tiempo completo para Facebook, Instagram, YouTube y TikTok o como community manager a medio tiempo para marcas con menos movimiento. Es un puesto que parece relajado visto desde afuera y que por dentro es estar siempre pendiente del celular.

El pegamento invisible y la red de seguridad

Hay dos puestos que el cliente jamás ve y sin los cuales nada de lo anterior llega a escalar. El primero es el especialista en automatización con Pabbly, Zapier, n8n y la API de Claude. Su trabajo es lograr que las herramientas se hablen entre ellas: que un formulario dispare un correo, que un pago actualice una hoja de cálculo, que un lead caiga solito y ordenado en el CRM. Cada proceso que automatiza es tiempo humano que se libera para pensar en vez de copiar y pegar. En una agencia que quiere crecer sin contratar el doble de gente, este perfil vale oro.

El segundo es el que aparece cuando algo se rompe, y siempre, tarde o temprano, se rompe algo. Un plugin que choca con otro, una web caída un domingo a las tres de la tarde, un correo corporativo que de repente dejó de llegar. Para eso está el soporte técnico WordPress de nivel 1 en una mesa de ayuda 24/7, la primera línea que atiende, resuelve lo que puede en el momento y escala lo que no. Es el puesto que convierte un «se me cayó la página» en un problema de minutos en lugar de un fin de semana arruinado para todos.

Lo que de verdad sostiene una agencia

Si volvemos al formulario de Arequipa, ya se entiende el viaje completo. El comercial lo cerró, el administrativo lo ordenó, el project manager lo coordinó, el maquetador lo pensó, el diseñador y el desarrollador lo construyeron, el de performance lo hizo volar, el de gráfica lo vistió, los de SEO y GEO lo hicieron encontrable, el redactor le puso palabras peruanas, el analista lo midió, los de ads y email trajeron a los primeros clientes, el community sostuvo la conversación día a día, el de automatización conectó todas las piezas y el de soporte cuidó que nada se cayera. Una sola tienda. Tantas manos detrás.

Esa es la parte que no se ve y que a mí me sigue gustando contar. Una agencia de marketing digital no es una persona haciendo de todo a la vez ni un robot que escupe webs en serie. Es un grupo de oficios muy distintos que aprendieron a trabajar juntos, varios de ellos inventados hace apenas un par de años, y que probablemente cambien otra vez antes de que termine la década. Si te reconociste en alguno de estos puestos mientras leías, y apuesto a que en más de uno, quizá tu lugar esté ahí. La maquinaria nunca deja de necesitar buenas manos.

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